lunes, 10 de diciembre de 2012

Caliente, caliente



Dicen que por la mirada se descubre el entresijo humano. De la misma que forma que dicen que esa misma mirada delata a una mala mujer. No se, la mayoría de las habitan el congreso no tienen esa mirada lasciva, esos ojos enarcados y esas comisuras entreabiertas en plan “cómeme”, y sin embargo lo hacen, nos devoran. Esta lo tiene todo, la fama, el cartel y la mirada. Pero no es mala, antes al contrario, dicen los entendidos que esta muy buena. Tanto que pasa por ser una de las reinas del gonzo. Un nada sutil estilo cinematográfico en el que los protagonistas exhiben sus atributos sexuales mostrando de forma explicita la interacción de estos de forma reiterada, placentera y compulsiva. Vamos, lo que aquí llamamos follar.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La reina Taylor Swift




Candorosa, inteligente, sentida y permanentemente enamorada, así definen los críticos norteamericanos a la cantante country Taylor Swift, una de las figuras de este estilo al otro lado del Atlántico, que ha vendido ya más de cuarenta y cinco millones de discos desde su debut en 2006 con el tema Tim McGraw, de la mano de la independiente Big Machine Records, y que anoche se convirtió en una de las grandes vencedoras de los EMA, y el exponente más claro de los nuevos reyes y reinas del pop.
Su éxito comenzó sin embargo no en el campo de la música, sino en el de la poesía, cuando viviendo aun en su pueblo de Wyominssing, Pennsylvania, ganó el premio nacional de poesía con "Monster In My Closet", un breve pero inapropiado, para su edad, poema. Tras ello, su capacidad compositora despertaría el interés de un reconocido cazatalentos, Scott Borchetta, lo que le abriría las puertas del mercado de la mano de Big Machine Records. Desde entonces los flirteos con la música teenagers (mucho tuvo que ver en ello su supuesto idilio con uno de los Jonas) , y las influencias de una abuela cantante de opera no han alejado un ápice a la bella Taylor de su destino, el country.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Aquella, que fue mi casa




Zina Montenegro, Eusebio Balbás


Como sabéis, una mujer se ha arrojado al vació esta semana, en Baracaldo, en el instante anterior a que le quitaran su casa. Pero por duro que perezca decirlo, resulta incomprensible que ese hecho haya desencadenado la reacción judicial y política contra los desahucios que se está produciendo. Es cierto que los humanos resultamos extremadamente sensibles ante estímulos emotivos, y poco ante los racionales. Pero esto es demasiado. En el último año se han producido 5 muertes atribuidas, por los juzgados, a procesos de desahucios, suicidios, para entendernos. Este es el quinto. Desde el comienzo de la crisis han sido desalojadas de sus casas 379.856 familias, al menos hasta el 30 de septiembre. De esas casas donde los bancos y cajas han desalojado a sus familias, el 87%, según fomento, permanecen vacías, son bienes económica y socialmente estériles. Un 72% de esas viviendas desalojadas, según contaba televisión español hace una semana, han pasado a manos de unas entidades financieras que las han abandonado (las entidades no afrontan sus gastos de comunidad, ni realizan mantenimiento ni velan por su seguridad) provocando serios problemas a las familias vecinas. Y así una larga y abrumadora lista de datos, con cientos de denuncias, procesos judiciales, reportajes periodísticos, iniciativas de algunos partidos, petición de piedad por la iglesia y hasta la advertencia de la Unión Europea sobre que la situación española es inasumible y dudosa, jurídicamente hablando.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Una noche de fiesta y muerte


Tera Sánchez León


Poco se puede añadir sobre aquella noche de los muertos en Madrid que ya no se haya dicho. Quizá lo mejor sea ahora callar, esperar, y escuchar.
En una sociedad donde la inmediatez y la ansiedad por la información son norma de vida, y donde teclear nimiedades es un acto compulsivo que genera bandadas de curiosos, un hecho tan dramático se ha convertido en un vortex peligroso donde la información se demanda impulsada por una mezcla de curiosidad, indignación y profunda tristeza ante esas cuatro vidas incompresiblemente acabadas.

jueves, 11 de octubre de 2012

El suicida ímpetu de la doctrina




Fiel a sus más férreas convicciones, y a las del gobierno del que forma parte, Wert ha dado hoy una impagable lección de cómo meterse en un jardín, cuando el barro recomienda salir de la cuneta, y centrarse en el asfalto, en nuestro caso, los problemas centrales de los ciudadanos. 

Pero lo triste, lo que más desazón produce el estéril y engolado debate parlamentario de hoy, es constatar, una vez más, que la educación ya no importa. Que estudiantes y aprendices de ciudadanos obligados a sufrir este país y a sus próceres, ya somos poco más que carnaza para escaramuzas y tanteos, ni siquiera para grandes batallas políticas.
Hubo un tiempo en que la educación era, al menos para algunos, una santa bendición y un objetivo sagrado. Un tiempo en que, al menos algunos, y aunque solo fuera en teoría, buscaban la formación de los jóvenes, despertar en ellos los valores de ciudadanos libres y comprometidos y cultivar hombres y mujeres amantes de la creatividad, el progreso y el libre pensamiento. Poco queda ya de aquel espíritu revolucionario de Campomanes y Jovellanos, de aquellos lejanos años del krausismo, de los tiempos idealista de Fernando de los Rios o de la Institución Libre de Enseñanza. Hoy todo es doctrina. Mires a Madrid, a Barcelona o a Guadalajara, educar ha caído a la categoría de un servicio público rutinario y mecánico, como la grúa municipal o la recogida de basuras. Su actividad ha pasado a medirse en términos de eficiencia económica, imagen publica de sus dirigentes, productividad económica, excelencia técnica y sonrojo de sus trabajadores y usuarios, siempre acusados de vagos, improductivos y maleantes. Gente ácrata y demasiado crítica, tendente a algaradas e ideas izquierdistas, que molestan con su afán desmedido y vicioso a criticar la sociedad que les amamanta y poner en cuestión el desorden establecido.

sábado, 28 de enero de 2012

Viernes de dolores



Un funeral parecían ayer los telediarios, una esquela los medios escritos. Ayer, y sigue hoy la racha, es de esos días en los que los medios no eran capaces de abarcar la realidad, incendiaria en cada esquina, sin que fuésemos capaces de discriminar donde el dolor era más grande, el drama más punzante y el futuro más enterrado. Es como si la Parca hubiera comprado un piso en España, para algo tal como segunda residencia, y Hades acariciase nuestra casa con su cabellera inflamada.
La muerte de tres policías en Coruña abrió el día. Algunos han escrito y hablado en las tertulias cavernarias de “temeridad” por su parte. Mal mensaje en una sociedad tan desesperada que la solidaridad se resquebraja. Aquí, solo caben dos acciones. Abrazar con fuerza a las familias de las víctimas, que no se sientan solas, que no padezcan necesidad por haber amado a un héroe, y que su memoria, y la del servicio diario de miles de servidores públicos no se apague. Tras ello, habrá que meditar que hacer con esa tribu de inconscientes que deciden saltarse las normas y la divina prudencia, extender por las redes sociales tonterías tendentes a romper el aburrimiento trasgrediendo lo obvio y provocando con su ignorancia la muerte de inocentes.

sábado, 7 de enero de 2012

Ajustar las cuentas




El invierno es frío. El aire del norte sopla hiriente al caer el sol sobre los barrios de Santander. Aunque lacerado por el cansancio, mi padre acude cada noche a recogerme a la Albericia, al final de cada entreno. Charlamos, sonreímos, nos sinceramos y nos miramos. Es mi forma de crecer, y la suya de quererme.Estaríamos más calentitos en casa, y gastaríamos menos gasolina, y hasta consumiríamos menos en zapatillas, camisetas y gel. Pero no sería yo, sería otra persona. O quizá no sería nadie.
Un palo de hockey, unas medias sudadas y unas briznas de hierba parecen poco, pero esas pequeñas cosas nos forman, porque las hacemos nuestras, las elegimos nosotros y nos obligan a modelarnos, con un cincel salido de nuestras manos. Uno de esos cinceles le sostiene con mimo un hombre al que admiro mucho, Álvaro Saenz. Es estudiante de historia en la UC, y comanda a diez compañeros de diversas facultades que hace poco más de un año pusieron en marcha Radio SIDE, una radio universitaria apoyada por el SIDE, un organismo de orientación que impulsa el pedagogo Alfonso Nicholls. Álvaro es ya un veterano. Lleva años, desde que era un chaval, volcado en su ilusión de ser periodista. Y no es solo que lo haga muy bien, que podría ser lo de menos, por ser una cuestión que atañe a su persona, es que nos ayuda a todos.
Korocota TV, eolapaz o RTv Tanos son solo ejemplos de grupos de jóvenes, en ocasiones niños, que han decidido dejar de ser objetos, y convertirse en sujetos. Tomar iniciativas, crear campo a otros jóvenes y aprovechar su tiempo para crecer, al tiempo que viven. Son parte de una cultura más extendida de lo que algunos creen, en la que jóvenes de toda España abandonan el campo del mero espectador, vulnerable a la opinión y las aviesas y dormideras intenciones de los bien pensantes de turno, para convertirse en emprendedores sociales. Chicas y chicos que, como dice Dolors Roig, crean, difunden y defienden nuevas ideas, nuevas concepciones y nuevas rutas para nuestra sociedad. Para una nueva sociedad, con bases éticas, objetivos e intereses más participativos, más sociales y más innovadores. O, al menos, se entrenan para ello.
Nadamos, corremos, pintamos, cantamos, escribimos o contamos a través de un micrófono. Es nuestra forma de ir tomando parte de esta sociedad que, creo, tanto necesita de sangre nueva, para limpiar los cuajarones que una banda de políticos, pseudo artistas y empresarios amorales han creado sin compasión para con nadie.
Los de Radio SIDE trabajan desde un cuartucho de la facultad de derecho-económicas, ponen en marcha y difunden iniciativas de todo tipo para la comunidad universitaria, cobran cero euros, no disfrutan de ninguna beca y se han gastado en dos años algo menos de dos mil euros. Un ordenador, cuatro micrófonos, una mesa de mezclas y una conferencia de Iñaki Gabilondo el pasado trimestre. El resto, acoquinado de su propio bolsillo. Es, con diferencia, la más barata de las emisoras de la ARU (la Asociación de Radios Universitarias), a la que pertenece Radio Side.
Con todo son pocos argumentos para Gonzalo. Una de esas noches de frío, mi padre traía encendida la SER. Antes de las nueve, la emisora local programa un debate, y aquel día tocaba la universidad. Entre los contertulios Gonzalo Cayón, estudiante de la facultad de económicas y voz del PP en el campus. Aun Rajoy no era presidente, pero Diego si, y amparado por un poder casi incontestable, Gonzalo cuestionó el SIDE, la radio o las iniciativas de gente como Álvaro, entre otras cosas. Entre esas cosas no estaba el recorte de dos millones de euros a la UC, un recorte enmascarado en la entrega de fondos para el campus de excelencia, sin explicar que uno es un dinero de la autonomía, y el otro del estado central, por más que la comunidad sea ahí, poco más que un repartidor. Son cosas de la política, en febrero hay elecciones caustrales y los delegados del claustro y los de centro deberán elegir al nuevo presidente del Consejo de Estudiantes. Y Gonzalo, o algún colega de partido, y Ramón, y Carlos Fernández están ahora en la lucha por el poder, que es más importante que el trabajo para crear y servir a la comunidad.

Esta mañana contaban en televisión española que el gobierno, necesitado de ahorrar dinero de todas partes, para pagar las deudas de la megalomanía, la ineptitud y la corrupción de muchos políticos, ha decidido quitarle la subvención a la Casa de España de Moscú. Una institución ciudadana que ha defendido la idea de España y su cultura desde hace setenta años, manteniendo viva nuestra identidad, entre los niños de la Guerra y los inmigrantes en aquel país, y que había sido objeto, hasta ahora, de la admiración de los gobiernos democráticos españoles. Nos hemos ahorrado veinte mil euros.
La noticia no decía nada de ahorrar los ciento cincuenta millones que cuestan las doscientas embajadas de las comunidades autónomas en el extranjero. Claro que, a diferencia de la casa de España en Moscú, estas no sirven para nada, lo cual debe ser un punto a favor. Son lugares muy bonitos, donde amigos de los gobiernos catalán, madrileño, castellano manchego o valenciano, entre otros, vegetan y recomiendan a sus exiguos visitantes que arreglen sus asuntos en el ICEX, en la embajada o en el Instituto Cervantes más cercano.Al final, la situación de Radio Side, o de la Casa de España no es un problema económico. Porque si lo fuesen estarían muy abajo en la lista de recortes prioritarios, y ni siquiera estarían en la lista de personalidades a las que reclamar responsabilidades vía penal.
Pero la crisis es una buena tapadera para quitarse de en medio a todo lo que sea incomodo, no se pueda controlar o no sirva para la propaganda del nuevo poder. Que las cuentas siempre se ajustan, aunque no siempre en economía.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Tanos, tierra peligrosa



¿Ignorantes, necios o desaprensivos?. A veces es difícil encontrar el calificativo exacto para quienes son los (i)responsables que dirigen la cosa pública. Tanos es un pequeña localidad en las afueras de la ciudad de Torrelavega. Pese a estar alejada del centro de la ciudad, alberga la estación de ferrocarril de vía ancha, mientras por el centro transita la red de vía estrecha.

La estación de Tanos no es solo una estación de pasajeros, si no que por ella discurren un buen número de mercancías que entran o salen desde la Meseta camino de Santander. Entre ellas cisternas cargadas de gases inflamables como el butadieno o el estileno. Los convoyes que transportan esos gases no solo pasan por esa estación, que me imagino es algo propio de muchas estaciones españolas, sino que se trasvasan a camiones cisterna en esa misma estación, o permanecen periodos prolongados de tiempo parados en vías secundarias a la espera de la orden de seguir en transito o ser descargadas.Como me imagino que comprenderá cualquiera, el laboreo de gases y su movimiento de unos recipientes a otros exige una tecnología, por mínima que sea, y unas instalaciones adecuadas para realizar la operación con seguridad para su entorno y sus trabajadores. No es el caso. La estación de Tanos carece de las medidas necesarias para realizar esas operaciones y de instalaciones adecuadas.
El problema no concluye ahí. No parece que el sentido común nos permita comprender como esos vagones cargados de mercancías tóxicas se “aparcan” en vías colocadas a unos pocos metros de la estación de pasajeros, y a poco más viviendas, instalaciones ganaderas y hasta un complejo educativo. De hecho, la zona ha crecido como barrio residencial en los últimos años, recibiendo importantes dotaciones de servicios, a la sombra de los gases. Como en España no nos cortamos un pelo, cuando los trasvases se realizan, en muchas ocasiones, los pasajeros esperan dos andenes más allá, ante la atenta mirada de las vecinas colocadas en sus balcones. Si los vagones deben esperar una o más noches, el acceso a las vías donde se encuentran es libre, con el único obstáculo de una “vallita” accesible hasta para David el Gnomo.

El problema que os cuento, y que muchos conoceréis, ha pasado ya de las dos décadas de antigüedad, de hecho, hasta revistas estudiantiles, como eolapaz, relataban hechos como estos, hace casi diez años. En ese intermedio se han sucedido en el gobierno municipal, regional y nacional gobiernos de todos los colores políticos, solos o en coalición, siendo todos esos gobiernos del mismo partido (lo que facilitaría la coordinación) o de diversos (lo que debería haber alentado la vergüenza ajena). Nada. Hasta recuerdo una entrevista para eolapaz de la vicepresidenta Gorostiaga dando pelos y señales de una solución que nunca llegó.Parte del problema arranca de una cuestión superior. El sistema ferroviario de esta región, en su conjunto, es espantoso e impropio de estos tiempos.
Las estaciones de Renfe de la región son de otra época, los terrenos están sobredimensionados, apareciendo vías muertas y en desuso, convertidas en nidos de bardales por todos lados. Una red basada en un cuello de botella con la Meseta y una peculiar red de vía estrecha para la costa, de difícil conexión con el resto de redes nacionales e internacionales. Lo que hay es una red con tramos de una sola vía, vía mal mantenida y con catenarias cochambrosas que han llevado a averías continuas que nos dejan, dada su antigüedad y mal mantenimiento, a averías continuas y faltas de servicio cotidiana.
Y no solo en la línea Alvia que nos une con Madrid, si no en otras líneas. pero nuestro gobierno, que sabe mucho, se ha empecinado en los últimos años en una quijotesca lucha por traer el AVE, cuando era prioritario acceder a una red convencional en buen estado y bien mantenida, con estaciones con suelo liberado, con pasos a nivel eliminados (en eso también Torrelavega se lleva la palma) y con una red para mercancías en el eje Torrelavega-Santander-Gajano en condiciones.Con todo lo más grave no es la situación de la estación de Tanos, ni el carácter decimonónico de nuestra red ferroviaria, que es el fondo del asunto, si no la irresponsabilidad de los responsables, quienes fueren, en lo referente a nuestra seguridad.Y ello porque, por lo que parece y denuncian vecinos y colectivos, los accidentes e incidentes no son esporádicos. Vagones que sufren pequeños escapes, vagones que descarrilan, fallos mecánicos en ejes, sistemas de tracción o frenado... Incidentes muchos de los cuales no trascienden. Y no es solo un problema de trasparencia informativa, que también, si no de capacidad o voluntad de alerta en aquellos casos en los que la población deba ser avisada, alertada o puesta en guardia ante un riesgo.Quizá alguien piense que no se debe alarmar innecesariamente. No vale. No vale en una ciudad con un evidentes riesgo químico, donde la mitad de las incidencias nunca se conocen, y nunca se arreglan.Estos días los vecinos se han visto en la necesidad de organizarse en una plataforma para recoger firmas que permitan exigir medidas, soluciones, dado que sus gobernantes no lo hacen. Y si, son malos tiempos, y no hay dinero, pero igual esto es algo importante, igual.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Masa crítica Santander



No es que hubiese sido nunca un hombre, a mi parecer, amable, más bien Herminio era uno de esos tipos que, a fuerza de aparentarse rudo y sincero, resultaba odioso e intratable. Pero de un tiempo a esta parte he de reconocer que le había encontrado un punto de interés.
Tengo grabada su imagen embutido en uno de esos coloristas maillots de hombre anuncio, esos que emplean los amantes del ciclismo para, a la vez que pedalean, hacerle el marketing a cualquier fabrica de chorizo o telefonía. Parece que le veo sobre aquellas absurdas zapatillas de tacos, que más que sujetarle al calapie le amenazaban a cada instante con dar con sus huesos en el suelo. Me parece oírle rutar por la escalera, con la bicicleta al hombro, maldiciendo al imbecil que había instalado un ascensor tan chico, que le obligaba a subir el Turmalet a cada escalón de aquella torre. Jubilado de Nueva Montaña, cuarenta años conduciendo camiones le habían convertido los glóbulos en vinagre. Pero los últimos quince, los de profesional jubilado, le habían convertido en un solitario amargo.
Y sin embargo, cada último jueves de mes, a las ocho, puntual como la lotería, acudía a los Jardines de Pereda, esbozaba media sonrisa a sus colegas y hacia de Santander su casa, y de su rutinaria vida una ilusión amable. Herminio se había topado hace unos meses con Masa Crítica Santander, un colectivo ciudadano que se organiza por todo el mundo desde 1992, con la intención de reivindicar el uso urbano de los vehículos de tracción humana, de construir mediante ellos una forma más amable de convivencia urbana y de, de ahí el nombre, defender que cualquier revolución, cualquier cambio, el de las bicicletas u otro, si es posible si se involucra un número tal de individuos (una masa crítica) que le confieren una dinámica de crecimiento autónoma y una existencia irrefrenable.Al principio reconozco que no lo entendí. Ni a ellos, ni a él. Pero hace unas semanas tuve la oportunidad de ver "Return of the Scorcher", un documental del director y ciclista Ted White. Y lo comprendí. Y Herminio lo hizo antes que yo. Estos movimientos de masas que navegan a contra corriente son complejos y difíciles. El sueño de George Bliss, de una sociedad que cambia ante el empuje de una masa de ciudadanos que, protegidos unos con otros, hacen frente al fatalismo y a la manipulación de intereses y poderes rara vez triunfan. En ocasiones lo hacen, como el movimiento ciudadano islandés que en plena crisis se negó a rescatar a los bancos, y otras muchas languidecen, como le ocurre a nuestro 15M. Quizá “Masa Crítica” persiste porque se le hace poco caso, porque mantiene un vergonzante anonimato, y eso le permite crecer lentamente, solidamente, sin temor a que la prensa y la política les degluta.
Pero a veces somos nosotros mismos, sin necesidad de echarle la culpa a ningún poder fáctico, los que fagocitamos todo aquello nuevo que es capaz de salvarnos, aunque para ello debamos sacudirnos nuestra modorra conformista, y la comodidad de nuestras rutinas. Alguna vez he visto en Santander personas normales, de esos que se quejan de contaminación y ruido protestando porque cincuenta vecinos se reúnen un jueves al mes en los jardines de Pereda, con su bici, para recorrer la ciudad y hacer conciencia. Y eso porque las bicicletas ocupan sitio. En realidad si, aunque un poco menos que el aire lleno de mierda, por más que esta sea invisible a simple vista. Como también he visto, avergonzada, la bronca de una anciana a un joven universitario que ataba su bici a un árbol, algo legalmente permitido si no se maltrata al árbol, porque a su entender eso era una falta de educación.Hace seis días Herminio, en su paseo matinal, chocó con un peatón, que caminaba despreocupado, ajeno a cual es su sitio, en mitad de un carril bici de la ciudad. Y se rompió la cadera. Una circunstancia fatal cuando tienes setenta y seis años. Ayer murió en Valdecilla. Una vena rota, un órgano cansado, o tan solo la rendición ante la vida, quien sabe.
Nos faltan muchas infraestructuras, en forma de carriles bici o zonas de aparcamiento, por ejemplo. Pero nos falta conciencia y un poco de educación, y un bastante de sentido común. De nada sirve que el ayuntamiento subvencione las bicicletas y construya carriles especiales, si los peatones no los respetan o los ciclistas no usan las vías urbanas con atención a los demás. Pero por encima de ello, de nada sirve el esfuerzo de unos pocos que hacen de catalizadores de cualquier cambio, sin el apoyo y la implicación de algunos muchos, de esa masa crítica que es capaz de cambiar las cosas, y poner coto a los desmanes y abusos.Un beso Herminio, toca el timbre entre las nubes.

domingo, 30 de octubre de 2011

Aquellos años oscuros



He comenzado seis veces esta carta, y sigo sin encontrar las palabras. Desde el día en que le escribí por primera vez, pidiéndole un espacio para contar contar el mundo con mis ojos, supe que había encontrado un amigo. Pocas veces nos hemos visto. Un par de correos semanales y la complicidad hace el resto. Se que poco sabemos quien es el otro, igual que se que me entiende. El lunes me escribió, “me gustaría hablarte”. Una hora entre su charla y mi silencio, dos cafés, una sonrisa de compromiso, una caricia en la nariz y un gracias fugaz y entrecortado. Y tras ello se disipó, como la niebla, entre las calles de un Santander que, ya tarde, adormecía.Ver a un hombre mayor incontinente ante el llanto es difícil. No más que entender lo que siente un hombre por sus hijos. Y ese es un sentimiento que se me escapa. No veo su problema con la pasión de la sangre, pero si con la ira de quien ve imposible entender lo que le rodea, siempre lejos, más lejos de la razón.



Su hijo era un niño feliz. Uno de tantos niños deseados, amados y destino de cuanto capricho, beso y riña es preciso para acompañar su caminar diario. Su madurez continua. A medio camino, que no es el caso, entre la necesidad de aparcar a los vástagos, en esas largas jornadas de trabajo que los españoles nos hemos montado, y el deseo de prender en ellos la mecha de la superación, el aprendizaje y la instrucción, los niños pululan cada día entre un laberinto de colegios, gimnasios, pabellones y academias. Siempre en la confianza de su bienestar, siempre en la creencia de su protección. Pero a menudo es mentira.
Posiblemente los padres permanezcan ciegos, para no sufrir dolor, o para no padecer molestias, o por no ser capaces de mirar lo que ven, pero es frecuente que los niños, los de aquí mismo, crezcan en medio de una violencia gratuita y cotidiana generada por sus iguales, y que desata un proceso destructivo del que, más tarde, nos haremos presos los demás.La psicóloga infantil María Teresa Lloveras ha llevado a cabo un estudio, posterior a una macroencuesta del INJUVE, que describe un preocupante panorama en nuestros colegios y espacios de formación infantil. Un 21% de los niños españoles menores de 10 años reconoce haber abusado alguna vez de niños de su edad. Un 36% de los niños de igual edad reconoce en este estudio haber sufrido situaciones continuadas de opresión y dominio. Un 14% de niños en esas edades reconoce haber tenido alguna vez el deseo de morir para acabar con esa situación.Seguro que la mayoría hemos oído hablar alguna vez del bullyng, de esas escenas de violencia que de vez en cuando abren un telediario o cierran un periódico, en la que adolescentes incontrolados apalean a una victima indefensa, mientras lo graban con el móvil, para luego regodearse en el canal de videos por excelencia. Pero hoy no hablamos de eso.
En colegios y extraescolares se forman, desde edad temprana, jerarquías que pasan del prestigio y la capacidad de influencia, al dominio. Niños que marcan territorio en el patio, que quitan a otros su golosina en el recreo, que humillan a los demás para reírse un rato o eliminar competidores en su lucha por el poder. Que abren mochilas, que coaccionan comportamientos, que obligan a actuar en clase para bufa de los demás, que empujan, que pegan, que ridiculizan, que despojan a los demás de dignidad. De tal forma y tan continua, que las victimas, a veces la mayoría de un grupo, acaban aceptando su sino, o desarrollando hábitos asociales o comportamientos violentos, en una cadena hacia bajo de opresión que les hace a todos cómplices de un ambiente irrespirable.Y no es un panorama exagerado. Pero de tan rutinario que es, le hemos dado carta de naturaleza. Admitimos que entre niños a veces hay conflictos, y que alguno suelta la mano a destiempo. Admitimos una dosis de violencia en nuestras vidas que, en realidad, no es más que la punta de un aprendizaje regular y contundente que saca a los niños de esa magia de reyes magos en que les sumergimos en sus primeros años, y los mete en un pozo de mierda donde aprenden, y rápido, un concepto de supervivencia que poco tiene de social y ciudadano.El informe de Lloveras aporta otro dato desolador. No hay ya un perfil del niño acosado. Puede ser cualquiera. Porque el problema no esta en los niños que sufren la marcha de un mundo inocente, sino que esta entre los chulos abusadores. Estos grupos de amos en busca de siervos son niños con deficiencias. Familias desestructuradas, familias de gran nivel económico que transmiten su elitismo a sus hijos, niños que no han desarrollado afectos, niños débiles que se anteponen a esa debilidad machacando al resto, niños aprendices de su entorno. Si, aprendices. Lo explica muy bien el director Christian Molina, en una estremecedora película, a punto de estrenarse, “I want to be a soldier”, la historia de la transformación de un niño, sujeto a la influencia de la violencia que emana del cine, la televisión...
¿Nadie lo ve?. Todos somos testigos. Esa es la raíz de la enfermedad, entender como natural lo que no lo es, y ser incapaces de ver lo que existe ante nuestros ojos, o de crear el control necesario para educar de verdad. Y eso es otra. Siempre hemos creído que en los colegios debía haber muchos profesores y maestros, y mucha tecnología, de esa fría y distante que hace al niño aprender solo, con su maquinita, y en red. Pero en un colegio no solo debe haber maestros, también es preciso psicólogos, y terapeutas, y pedagogos y profesores de apoyo. Y muchos. Porque la educación no es un ámbito difuso donde instruir, sino un lugar muy concreto donde educar, y para eso hay que ver, hay que hablar y hay que hacer sentir la presencia y el ejemplo. La mayoría de esa violencia, generalmente no física, que se ha hecho hábito, es en medio de los adultos, en un intercambio de clase, en un pasillo, en un patio, en una vestuario deportivo, en un aula donde el maestro se ausenta..
Y cuando el padre lo descubres, cuando toma conciencia de que su hijo no es feliz, de que no quiere ir al colegio, de que no quiere estar solo, que esta distraído, que se abstrae, que pierde la fe, que descubre la maldad, que se siente indefenso, que cae en la cuenta de que sus padres no pueden protegerle y que sus mitos son de barro, entonces el padre se da cuenta de que no puede hacer nada. Que ha mantenido a su hijo en la ficción de una sociedad humana y feliz cuanto ha podido, pero que la burbuja se rompió.Al escuchar a mi amigo he recordado que yo lo viví. He visto en su rostro el de mi padre cuando quiso ir al instituto para partir la cara a aquellas cuatro pijas del Tenis que me ridiculizaban en los entrenos de la Albericia. Y sobreviví, y me endurecí, y perdí años de la felicidad propia de una niña, y sufrí mucho, cuando no tenia edad para ello, y crecí, pero con una pequeña herida que aun conservo. Y es que dicen que el sufrimiento nos endurece y nos apremia y nos hace crecer, pero es mentira. Nos hace crecer la felicidad, que es lo propio de un niño, no el dolor, que no es propio de nadie.

Igual también te interesa

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Para que lo vayas contando