zina: diciembre 2010

martes, 28 de diciembre de 2010

Samuel, al que nadie quiere


Si paseas por mi barrio en busca de Samuel Martínez Velasco, nadie te dará cuenta. Pero si entre calles preguntas por Samu, el pelirrojo, cualquiera que encuentres te dará fe de su vida. Y te contara mil historias. Y al final, todas acabarán de igual forma, diciéndote con una mirada perdida, como mirando un espejismo, porque la realidad es cruda, “con lo buena persona que es, y sin embargo...”
Samu es un hombre sencillo, un señor, y como tal discreto, prudente, nunca a desmano de quien le precise. Mirando de lado, y en vertical. Con mirada limpia, pero ruborizada, porque el nunca quiere ser blanco de atención. Samu es para los demás, nunca lo fue para el mismo y ahora no va a ser menos. Cada mañana sube desde Salmerón hasta Doctor Morales. Huele las hojas y vuelta al muelle, como él llama a su calle, a nuestra calle. Un lugar plantado a la espalda de Santander, entre olor a salitre, herrumbre y gasoleo.
Nadie sabe donde nació, pero Samu es de aquí, es de los de siempre. Su quehacer fue su vida. Nunca pidió mucho, y por eso la vida casi le dio nada. Y el no pidió cuentas, como si viviera de prestado, y asumiera que no tiene lo que no merece. Un hombre honesto y bueno, hondamente bueno, pero nacido, como muchos de nosotros, para formar parte del atrezzo, ni siquiera figurantes, en la vida de quienes de verdad viven.
Trabajo algunos años en un viejo taller, hoy ya cerrado, de Campuzano, en Torrelavega. Hasta que conoció a Loli en un baile de esos que pueblan agosto en honor a la Virgen. Pero ella era de la capital, así que aparcó su viejo torno y migró a la Calle Castilla, para estar junto a ella. No era raro en aquellas épocas trocar oficio o jornal, y no lo fue para Samu. En un taller mecánico cercano al pesquero acomodó su vida. Y de casa al trabajo, y rara vez un chiquito, en la tasca de Ciano, y algún paseo con Loli por los bordes de la Bahía. Y poco más.
La ventura, o así él lo ve, le trajo tres crios. Y así pasaron sus días, sin ambicionar más que vivir, y echar el aliento junto a la mujer que amo y que vivía tan pegada a su piel, que formaba parte suya.
Un día antes de cumplir los veinticinco de casados ella se palpó un bulto en el pecho. Tres meses después, que en los hospitales también hay cola, las pruebas la llevaron a una operación a cara de perro. Mutilada debió aguantar un año de quimio, una semana si, y otra no. Samu descubrió lo doloroso que es morirse, lo cruel que es ver acabar a quien te acompaña en la vida, lo que la amaba, y lo solo que estaba. La vio agonizar a cada poco, con un dolor, el suyo también, que le desgarraba el alma. Un dolor intenso que padeció de forma silente, a la par que ella, que intuía el final, e intuía en manos de que hijos dejaba a su hombre.
Un día Samu se quedó solo. Y tras el entierro más. Volvía solo a casa cada tarde, sin más alegría que sacar adelante a sus hijos, y del apuro a la gente en su taller. Hoy soldando un tendal, mañana un viejo candelabro y al otro el codo de un radiador. Y sin Loli, y sin hijos. Que al final los pájaros siempre vuelan, y pierden rápido de vista el nido. Como si nunca hubiese existido.
Y luego vino la jubilación. Anticipada claro, que los tiempos no perdonan los oficios. Y luego la soledad. Si acaso un domingo a ver a los nietos, pero poco, y pocos, que al final es claro que estorbas, y que no compaginas con el decorado.
Como Andrés, el mayor, el casado con María José, no encontraba la manera de que alguien le financiara un piso, y de alquiler no es estiloso, acabó viviendo en casa de Samu. Y vivió tanto que se quedó con ella. El día en que la próstata impidió contener el pis Samu salió de casa. De la suya. Para ir a un sitio mejor, donde iba a estar mejor atendido, y con gente de su edad, y más acompañado y más ... jodido.
Le sacaron de su calle, de sus vecinos, de su vida, sencilla, pero suya. Y accedió en silencio, como había vivido. “Son cosas que hay que hacer por los hijos”, nos decía. “Ahí voy a estar muy bien”, argumentaba para sí. Porque al final somos humanos, y precisamos convencernos de que las evidencias no son tales, y que nos quieren, y que somos importantes, y necesarios. Pero no, al menos en este caso.
No ha durado ni un año y medio en la residencia. El cabrón de su hijo le ha pedido que vuelva a casa, que le echa en falta. Pero Samu sabe que no. Andrés sueña mucho y la María José más. Abandonó el empleo, montó una tienda de ropa y soñó con ser empresario. Hay que ser zote, soñar en este país. Un día se fue a comer, y mientras doblaba la esquina, una camioneta cargada de rumanos aparcaba en doble fila frente a su puerta, el tiempo justo para desvalijar la tienda. La policía les ha pillado, pero la mercancía esta en fuga. Sin género no hay ventas, y sin estas el crédito no se paga. Andrés no puede pagar el complemento de 100 euros que ponía para engordar la exigua pensión de su padre y así pagar la residencia que le permitía deshacerse del viejo. Así que el viejo debe volver, y así la pensión quedará en casa, y ayudará a tirar el mes. Samu ha vuelto, aunque nadie le quiere, salvo la buena gente de la cocina económica, que le da algo más que comida cada día.
No se, algo se me olvida en esta historia, pero no se que es. No se si tendrá que ver con ese alma rudimentaria y pardusca que la civilización nos ha dejado en herencia, y que nos lleva a ver a las personas, incluso a aquellas que nos dedican la vida, como una cosa, como un mueble de vete y ven, de los que ahora te necesito, y ahora me estorbas. No se si tendrá que ver con esa mierda de ley de dependencia que, ahora que no tenemos cuartos se ha quedado en un guiño sin contenido. Quizá sea algo relativo a esta situación de crisis que nos esta deshaciendo por dentro, dejándonos desvalidos e inermes ante ladrones, malos hijos y sinvergüenzas varios.
Tal vez no se me quede nada en el tintero, y la vida sea eso. Mal vivir en silencio, ver en la tele a quienes son libres y hacen de su vida una aventura intensa, mientras nosotros somos sus palmeros. Sufrir silenciosamente el abandono y la incomprensión, caer en la cuenta que ni tan siquiera tendremos la fortuna de ser amados. Condenarnos a un hediondo pozo si no somos unos jetas, si no somos capaces de echarle valor a la vida, si solo somos prudentes y honrados, deseosos de trabajar, vivir, querer y ser queridos. Todo eso.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Me llamo Olga, y fui del PRC


He intentado recabar, entre mis amigos regionalistas, las virtudes políticas de la concejala recientemente dimitida en el ayuntamiento de Torrelavega. He desistido ante lo estéril del intento.
El caso es que su dimisión no ha pasado desapercibida, como en otros casos de políticos y gestores locales, carne de página treinta en los periódicos, o silenciados tras su fútil paso por el mundo de las artes democráticas. Este caso ha sido distinto, en todas sus vertientes, y aun no se porque.
Llegó a las listas municipales con el mismo aire de grandeza y divismo con que son presentadas las figuras del Real Madrid, transmitiendo la impresión de incorporar a la primera fila política a alguien más que una concejala, a un símbolo de un tipo de ciudadano concreto, de un entorno social concreto, de un área económica concreta. Su posición en las listas, a la vera del trabajador Carmona y del influyente secretario López, hacían prever un recorrido político importante, de la mano de las figuras clave del partido.
Luego no pareció que su lustre mediático fuera parejo a su productividad municipal. Un agrio enfrentamiento con los disidentes regionalistas de Acereda, una propuesta para sacar setenta aparcamientos más no se donde, un ajuste de cuentas con Calderón, una pregunta de control sobre viviendas sociales y poco más.
Poco bagaje para quien compartía la portavocía del partido en el segundo municipio de Cantabria, sobre todo si tenemos en cuenta que cada intervención suya solía acabar en tono grueso con el contendiente. Hoy no son pocos en el partido en Torrelavega los que aluden a la concejal dimitida como alguien poco concentrada en los temas a tratar, poco hábil en la negociación y poco presente en reuniones y horario de trabajo. Pero pese a ello estaba allí, cobraba medio sueldo de liberada, y recibía la encomienda de dar la cara por el partido, en una particular bicefalia, cuyo correlato en el liderazgo del partido en la ciudad no existía. Pero seguía allí.
Resulta complejo entender si, como muchas voces se levantan en arrullo ahora, la muchacha era poco digna representante del colectivo, porque seguía siendo la mitad de la cabeza visible del partido. Es más, el nombramiento de su sustituto, un joven dirigente vecinal, ha sido acogido por la oficialidad casi como una liberación, viendo en el número nueve de la lista, un aire renovado y fresco que impulsará al partido. Hasta el punto de darle un sustancioso número de puestos en comisiones, como si estuvieran deseosos de tener a alguien que se entere al fin de algo.
Algún día, y me temo que pasaran muchos, alguien nos debería explicar cual es el criterio que los partidos barajan a la hora de elegir sus candidatos. Parto de la base, que estamos en una democracia impuesta, no en cuanto a sistema, sino en cuanto a estructuras de poder y representación. Así, un señor que se erige en líder de un partido, casi único cauce de representación política en nuestra sociedad, elige a quien a él le gusta y te lo presenta cada cuatro años. Y son lentejas, si comulgas con esos ideales, en el paquete va el candidato, y si este no te gusta, a la oposición o a la abstención. No hay escala de grises en nuestra política. Blanco o negro. Lo curioso es que Olga (perdona que te tutee) ha pasado del blanco al negro, entre sus propios compañeros, en días, y nadie explica porque.
La versión oficial nos indica que la mujer se encontraba sola y aislada en el partido que la mantenía medio liberada y hacia descansar en ella su voz. Pues no se, muy convincente no parece.
En todo caso, si una persona esta en un puesto de cierta responsabilidad en un partido, y aspira a medrar en él, decir ante los micrófonos de la COPE que su líder (Miguel Ángel Revilla) se equivoca al mantener una alianza estratégica con otro partido (socialistas), gracias a la cual están en el poder, o que el principal ideólogo de su partido (Rafael de la Sierra), carece de capacidades políticas y personales para enfrentarse al maravilloso candidato de la oposición (de la Serna), no parecen medios adecuados para hacer amigos, máxime en un partido más construido sobre personas y fidelidades que sobre ideas. Luego dar ese paso responde a algo más que a una pataleta.
La guinda de esta novela de misterio ha sido la prensa. La capacidad de algunos periodistas para hacer panfletos en lugar de contar noticias, o de aprovechar coyunturas para navajear impunemente, antes que para analizar y explicar sucesos, es soberbia. Una ciudadana como yo puede opinar, respetuosamente, pero con la poca trascendencia que me proporciona mi escasa colección de lectores. Un profesional debe medir sus palabras, pues crea opinión, para eso cobra, y esta debe ser responsable.
Y tengo la sensación de que, fina y diplomáticamente, se ha sido muy canalla con Olga. Doy por entendido que nunca entrará en la mitología política española, y que su presencia en listas y puestos ha sido más el capricho personal de alguien que el resultado de un valor público contrastado. Pero dicho eso, publicar a los cuatro vientos su vida personal me parece miserable y rastrero. Miserable por parte del líder su partido, a la sazón presidente regional, que por unas horas olvidó que entre sus cometidos esta el velar por los valores comunes, uno de los cuales, el respeto a la mujer y la igualdad de sexos, esta en entredicho en este país a golpe de asesinato y discriminación laboral. Y ese olvido le llevó a asociar las ideas y opiniones de su ex concejala, con su condición de compañera sentimental de un jerifalte de la oposición. Una acusación muy grave, si la tomamos como una manifestación de su ineptitud y facilidad de manipulación, o si la tomamos como una corrupción, en este caso propia de quien se vende, no por dinero, sino por amor o querencia. En todo caso, una irrupción intolerable, y despreciable, en su vida privada.
Y no es una anécdota, sino una reincidencia, si recordamos el desgraciado comentario realizado en un pleno por el teniente de alcalde de su ciudad, Pedro Aguirre, que descalificó y ridiculizó una propuesta de la concejala, sobre regulación y reorganización de aparcamientos, en base a una argumentación sucia sobre los hábitos, costumbres y rasgos personales de esta mujer. Y nadie dijo nada, y solo, y sola, ella hubo de defenderse. Esa pauta es la que se sigue en Cantabria con muchas mujeres. Los alimentos deben ser ecológicos para venderse, los partidos paritarios para lo mismo, venderse, pero en el fondo, en muchos de sus dirigentes subyace un profundo desden, cuando no desprecio, por las mujeres que aparecen en su coto de poder.
Hoy la prensa recoge, y Pablo Arce analiza en eolapaz, la nueva normativa sobre igualdad que impone el gobierno regional, a través de una mujer, Gorostiaga. Podrían los políticos, varones, comenzar por defender el espíritu de esa ley, la defensa de la dignidad, el valor y el respeto a la mujer. Por ejemplo, no incluyendo en listas a mujeres florero, para luego quitarlas el agua, o peor aun, para, entre risotadas, mearse en el tiesto.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Olores que matan


Si hay una ciudad a la que se puede ir con los ojos cerrados esa es Torrelavega. Solo se precisa el olfato para llegar.
Hoy la prensa regional, siempre tan incisiva, recoge las declaraciones de varias distinguidas mentes de la administración regional, que confirman que en varios barrios de Torrelavega huele mal. Y todo ello sin moverse a la patria chica de la química, que ya tiene mérito.
Y es que la ciudad que más amenazas acumula a su existencia ha escrito esta semana un nuevo capitulo de su particular versión del “Río Negro” de Malcolm Lowestin, tras una insistente queja de los vecinos de la localidad de Barreda, aburridos de un persistente y nauseabundo olor que les abruma. La conclusión de las autoridades (el consejero Francisco Martín y el director general de medio ambiente Javier García Oliva) es doble. De un lado el intenso olor procede de una “indebida manipulación de los lodos generados por la depuradora de aguas de Sniace”. De otro el gobierno se ha caído del guindo, y ya tiene claro que aspectos de la autorización ambiental integral no se están cumpliendo. Soberbio. Y claro la conclusión es evidente, y también doble. Uno, Nuestra vida es una ucronía. Dos, nuestros gobernantes no son más tontos porque no entrenan, o porque no conocen aun al entrenador de Marta Domínguez.
Y es que no encuentro, mención a parte de la bufa italiana, otro género literario más adecuado que la ucronía, esa que se basa en hechos históricos inventados, para describir lo que pasa en esta ciudad. Sobre la que los gobernantes relatan de forma persistente una realidad sosegada y tranquila, que solo ellos perciben, o se inventan.
Resulta ahora que vivimos en el reino de “yo creía”. Yo creía que Sniace era limpia, yo creía que Sniace cumplía la norma medioambiental, yo creía que el humo de las chimeneas era vapor de colonia.. Yo creía.
Hasta aquí, lo ocurrido estos días no pasa de ser un incidente, sujeto al acumulado de desdichas y abandonos de la, no lo olvidemos, segunda ciudad de la comunidad, y uno de los ejes fundamentales de la economía regional. Hechos ambos que deberían hacer tomar conciencia a los encargados de velar por nuestros intereses de la gravedad del problema y de la necesidad de actuar de forma ejemplar, empezando por el propio gobierno.
Si hoy le preguntásemos a cualquier irresponsable regional, nos daría una larga lista de actuaciones realizadas, a cual más ociosa. Porque es verdad que existe en la ciudad un centro de investigación medioambiental, el CIMA, una red de paneles de información medioambiental, un sistema de alarma acústica para casos de escape grave, un servicio de bomberos y emergencias en pleno centro urbano y un sistema de permisos y controles medioambientales, integrados en un plan local y regional.
Pero la realidad es que al final, toda esa tecnología se limita a que cuando hay un escape, los vecinos lo huelen y avisan, como si esto fuera una mina de carbón y los ciudadanos el canario que muere al olor del grisú.
Son frecuentes las quejas de los vecinos de la ciudad porque en determinados días sus plantas y ropas tendidas mueren o ensucian por nubes de polvo blanco que inundan la ciudad. Deportistas y ciudadanos que se quejan de los intensos olores que afectan a las zonas de ocio y deporte del complejo Oscar Freire o de la Lechera, dos puntos de reunión masivos de escolares y jóvenes. Es habitual que personas de la zona centro se quejen del intenso olor que proviene de las alcantarillas, y que claramente obedece a un vertido incontrolado de alguna empresa. Es una rutina que los niños de la ciudad sean asmáticos, alérgicos o atópicos, o que las tasas de cáncer sean las más altas de la región, cifra disimulada al estar muchos pacientes tratados en Valdecilla o ser residentes de municipios colindantes (como Cartes, Corrales o Reocín, aunque su vida se desarrolle a orillas del Rio). Es ya un clásico ver a miles de peces muertos por un vertido o, más aun, ya ni verlos.
Ante tal cúmulo de desdichas, todo se reduce a informar, semanas después de producirse, que ha habido momentos en los que se han superado los índices de partículas toxicas en el aire. O a contar, dos meses después, que varios días del verano, las aguas de las cercanas playas de Suances no eran aptas para el baño. O a justificar la inocencia del descarrilamiento de un vagón de mercancías tóxicas en Tanos, en base a que esa vez, iba vacío.
No es ser alarmista decir lo que todo el mundo sabe y unos callan por interés, otros por desidia y otros por ignorancia. Torrelavega es una bomba de relojería cuya espoleta no son las fábricas, sino la incompetencia criminal de las autoridades locales y regionales.
Porque el hecho que hoy comentamos deja claro no solo la existencia de un problema muy grave de salud pública, sino la falta de control de las administraciones sobre las factorías y demás agentes contaminantes, la negligencia en el cumplimiento de sus obligaciones de seguimiento de planes medioambientales, la falta completa de un plan de prevención y la desfachatez de quienes habiendo prometido acometer las medidas necesarias para proteger a la población, ellos sabrán porque, no lo han hecho.
Resulta triste ver como en las últimas décadas quien debía representar los intereses comunes se ha limitado a pedir a las papeleras que no viertan en verano para que no se note la mierda en Suances y así no espantar al turismo. Con lo que todo se reduce a guardar dos meses las aguas toxicas para luego soltarlas de golpe en septiembre. Nada se ha hecho para la cacareada transformación de la red ferroviaria que impediría el trasiego de mercancías peligrosas en Tanos y nada para la depuración integral de aguas en toda la cuenca del Besaya. Nada. Solo pedir paciencia dada la importancia de las factorías. Como si en estos tiempos fuera imposible conciliar economía y sostenibilidad. Pero es más facil mentir y no afrontar que una fábrica puede existir, pero cumpliendo unas normas de seguridad, que son factibles, posibles y exigibles.
Algún día wikileaks nos contará porque las químicas de Torrelavega son tan intocables, y que tiene que ver eso con el mercado persa que el gobierno se trae, con algunas de ellas, en el concurso eólico, en las licencias de televisión y en la recompra de filiales en crisis. Algún día, pero quizá cuando hayamos muerto.
PD. La foto esta tomada por un grupo ecologista en el Rio Besaya, seiscientos metros, rio arriba, del complejo deportivo municipal de la Lechera.