zina: Una cuestión de proximidad

domingo 29 de mayo de 2011

Una cuestión de proximidad



Lo llaman subsidiariedad. Una suerte de doctrina que indica que los asuntos que nos afectan y competen deben ser conocidos, tratados y resueltos por los más próximos. Es una concepción de la política que se ha entendido como un cheque en blanco a la atomización de las administraciones, a la creación ilimitada de entes de gobierno tan cercanos al ciudadano que sintamos su aliento en la nuca, cuando en realidad solo notamos sus patadas en los ovarios, en mi caso, al menos.
Y el concepto se ha extendido tanto, la tendencia a la proximidad de la administración al ciudadano se ha hecho tan intensa, que ya no podemos visitar según que páginas de la web, ni fumar un pitillo, ni usar bolsas de plástico, ni tirarte un cuesco en el fútbol, un funcionario próximo o un delator vocacional te recordará tu error ciudadano. Eso si, si esperas que la sanidad sea subsidiara te equivocas, las listas de espera no son próximas. Y si buscas un policía municipal para sacar tu coche de su legítimo estacionamiento, encontrando la manera de sortear al cabrón que en doble fila te lo impide, tampoco hallarás subsidiariedad. Que vamos a decir si buscas que la administración te encuentre empleo, ahí ya el término se descompone.
Hace una semana vivimos la ceremonia sacra de la subsidiariedad. Las elecciones autonómicas y municipales son el éxtasis de la proximidad del político al ciudadano. El momento culminante en el que la administración toma carne mortal para aproximarse a nosotros. Han sido mis primeras elecciones, mi primera frustración, mi primer desencanto, muy próximo además.
Antes de acudir a las urnas, lo más próximo que hemos sentido es algún insulto, alguna descalificación, promesas vagas y un trato más cercano a un púbere que a un ciudadano responsable. Después, una sensación de abandono, tan bien muy próxima. No se si son cosas mías, pero en los siete días que han transcurrido desde la ceremonia urnil, nada se ha sabido de soluciones, de nuevos proyectos, de transmitirnos esperanzas, de hacernos ver un plan capaz de sacarnos de este purgatorio en que nos han metido. Llevamos una semana. Unos se dan el pésame, otras sacan la daga para cortar la yugular a quien les ha dejado sin poltrona y otras celebran jubilosos cuatro prósperos años de nomina fija y comisión a tiro. De hecho, el centro de la semana han sido las noticias, narradas en directo, cual partido de rugby, sobre el golpe palaciego del PSOE. Ya sabemos como han intentado acorralar a Zapatero, como han amenazado a Chacón, y como Patxi y Alfredo han hecho pinza para controlar los despojos del socialismo. Ahora que se han desahogado cabria decir aquello que le espetó Aragonés al Rey en la Eurocopa, ¿Y de lo nuestro que?. Pero como decía el secretario general de los socialistas vascos esta semana, aunque lo primero debería ser buscar ideas y luego quien aplicarlas, me temo que no se va a dar el caso.
Tan indignante es la cuestión, que el gobierno, con la aviesa complicidad silente del parlamento, incapaz de hacer limpieza, ha derrochado sus últimas energías de cacería interna, ante la perplejidad del movimiento 15M, esa prole de desheredados a los que ya no si se hace caso, lo mismo que da que acampen, hagan huertos, corten la calle o cierren comercios, es agotarlos por ignorancia. La situación es tan absurda, que el gobierno, o lo que queda de él, ni siquiera se ha planteado aun que hacer con ellos en Madrid, mientras en Cataluña les han molido a palos para limpiarles la casita y dejarlo bonito de cara a las celebraciones del Barcelona, tras lo cual han vuelto. Es como cuando estas mala, y con mucha fiebre, que mama te obliga a levantarte entre mareos y dolores para cambiarte la cama, tras lo cual vuelves a tu camita. Pues eso, pero en Plaza Cataluña.

Entre toda esta ceremonia de confusión, dos hechos me parecen ilustrativos. Uno es Charles Ferguson, el director y productor del genial documental “Inside job”, todo un alegato contra esos cientos de sinvergüenzas, que ante la pasividad de nuestros gobiernos, muy próximos ellos, han estafado, robado, engañado y hundido empresas, sociedades y estados, arrastrando a cientos de personas humildes al abismo, sin que ninguno haya dado con sus huesos en la cárcel, ni reparado tanto dolor.


Esta semana, un famoso diario valoraba, en una competición periodística nacional, menos próximo e interesante que un grupo de chavales reflexionaran y contarán como sufren los adolescentes enfermos de Crohn, como las cajas nos engañan en una reestructuración engañosa, como los ecologistas se hunden al presentarlos el poder como enemigos, como las empresas privadas ocupan ilegalmente nuestras calles para hacer negocio, como la cultura oficial se come a la iniciativa ciudadana, como sufren en Cantabria su abandono los rebeldes magrebíes, como el periodismo hace frente a los nuevos retos de la sociedad de la información, como los padres de los dependientes afrontan solos la defensa de sus hijos, que se esconde tras los miedos del socialismo vasco y la sonrisa de Gioconda de Rubalcaba o como jóvenes y mayores emplean el deporte para redimirse. Eso era menos próximo y menos valioso, que hablar de Lady Gaga o del canibalismo de los tigres.
Y es que bien mirado, cuanto menos reflexivos y menos críticos seamos los jóvenes, todo resulta más próximo. Y más fácil de controlar.

1 comentarios:

The Doll dijo...

En resumidas,cuentas, demasiados Jefes para tan pocos indios¡¡¡¡
saludos